jueves, 30 de enero de 2014

Miguel Primo de Rivera en Ampuero


El 30 de julio de 1928, Miguel Primo de Rivera, general que gobernó España entre los años 1923 y 1930 visitó Ampuero. De aquella jornada memorable queda la crónica que escribió Aurelio Céspedes en "El Diario Montañés" a continuación resumida. (Crónica que también figura en el magnífico libro "Ampuero: Una Aproximación a su Archivo Municipal".
 
Ampuero se engalanó como para su mejor fiesta. A la entrada de la Villa se había levantado un precioso arco con flores naturales coronado por el escudo de España. A las seis y media de la mañana, el disparo de cohetes anunció la proximidad del Presidente. Al detenerse el coche y aparecer el general Primo de Rivera; el entusiasmo estalló impetuoso. A las ovaciones y vítores hubo que añadir una verdadera lluvia de flores que las señoritas de Ampuero arrojaban sobre el Jefe de Gobierno, que respondía emocionado ante tan vivas demostraciones de afecto. El alcalde de Ampuero, señor Ruiz Ocejo, dio la bienvenida, organizándose acto seguido la comitiva hacia el templo parroquial. Con el Jefe de Gobierno fueron el ministro de Gracia yJusticia, don Galo Ponte, el Gobernador civil; general Saliquet, el Vicario Capitular, el presidente de la Diputación, el alcalde de Santander, varios diputados y concejales etc..
Desde el templo donde el párroco señor Terradillos subió al púlpito a pronunciar calurosas palabras de bienvenida, la comitiva se dirigió al grupo escolar donde en medio de grandes aplausos, el Marqués de Estella, descubrió la lápida inaugurando oficialmente las escuelas.
A su paso por la calle del Comercio descubrió otra lápida que en adelante dará nombre a la calle, "Calle 15 de Septiembre".
Seguidamente en la plaza de Pedro Ruiz Ocejo, que estaba llena de público, y desde el kiosco de la música, el alcalde y Primo de Rivera pronunciaron sendos discursos. El general fue nombrado Hijo Adoptivo de Ampuero. Luego tuvo lugar una recepción en la que Primo de Rivera estrechó la mano de los entusiastas ampuerenses.


Más tarde se celebró una merienda en los salones del Café Boulevard, a la que concurrieron más de 600 personas. Nuevos discursos patrióticos, ramos de flores, ovaciones entusiastas. Miguel Primo de Rivera terminó así su discurso: "Durante muchas tardes y noches de mi vida me voy a acordar de estas horas de Ampuero, y tendré una verdadera satisfacción, si algún día, más adelante , en mi vida completamente civil y ciudadana, yo puedo cruzar esta pueblo buscando el honor de reposo. En este caso podrá exclama: Se iluminaron mis horas de estancia con los resplandores incomparables de los ojos de las hijas de Ampuero".
Una ovación que dura largo rato premia las últimas palabras del Presidente.
(Continuará)




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